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domingo, 29 de agosto de 2010

¿Dónde habitan las hadas?


¿Donde está el reino de las hadas? Aquí, Aquí..., en alguna parte..., Está justo a la vuelta de la esquina, debajo de un rosal, en la oquedad de un árbol; en lo profundo del bosque, confundido en la niebla matutina que cubre los prados: las hadas habitan en otra dimensión, pero no está tan lejos de la nuestra. Están muy cerca, de hecho. Su mundo se solapa con el nuestro, pero como vibra a una frecuencia distinta, los únicos que lo vislumbran son los afortunados y aquellos que poseen dones.

Existen muchas tradiciones acerca del Reino de las Hadas. Algunas dicen que se encuentran en las colinas Hollow, los prehistoricos montes de Irlanda de los que partieron los seres preceltas, los Tuatha de Danann. Estas criaturas se conocían también como el pueblo de Sidhe (monte o montículo, o sobrenatural). El reino de las hadas puede encontrarse también en el fondo de un lago, donde estos seres mágicos se retiran.  A veces, el mundo de las hadas se halla en el pico de una montaña, en lo paramos o en los claros del bosque. Las puertas de Reino de las Hadas pueden surgir y abrirse para algunos y seguir invisible para otros.

El Paraíso de  Tir-Nan-Og
Otro concepto celta del Reino de las Hadas era Tir-nan-Og, que significa  "la tierra de la juventud". Este paraíso se halla al oeste, al otro lado del mar. En esta tierra inmortal de romance y danza todo era hermoso: la hierba siempre estaba verde y los arboles cargados permanentemente de frutas y flores.

La Tierra cuenta con ciertos lugares considerados mágicos. Tal vez hayamos oído hablar de apariciones en estos lugares. Suelen estar marcados por un menhir o un árbol extraño, y casi nunca están cerca del agua. También podemos hacernos conscientes de "puntos fríos" dentro de las casas u otros edificios en los que sentimos escalofríos. Algunos lugares resultan siniestros y lo mejor es evitarlos. Otros señalan un punto en el que, por alguna misteriosa razón, este mundo puede solaparse con el de las hadas.

No obstante, existe un lugar donde encontrarás siempre el Reino de las Hadas, el interior de tu corazón. Mantén este lugar puro e iluminado, y las puertas del reino de las hadas siempre estarán abiertas para ti.


jueves, 19 de agosto de 2010

Presiente las Hadas.





Hacerse consciente de la presencia de las hadas implica sintonizar con partes de ti que quizás hayas aprendido a ignorar. Implica confiar en los instintos y estar relajado. Ir a la caza de las hadas no es buena idea, por que eso implicaría, precisamente, un exceso de esfuerzo. Lo que es más, estarías concentrando el intelecto en la consecución de un objetivo, y eso haría que las hadas dejasen de cooperar e incluso que se volvieran maliciosas.
Como es natural, tu deseas hacerte consciente de la Buena Gente, y hay muchas maneras de aproximarte a ellas. Mantén una actitud juguetona para que tus sentidos permanezcan abiertos. ¿Cuál sería el mejor lugar para sentir la presencia de las hadas? ¿Existe algún claro, alguna ribera cubierta de hierba, algún lecho de flores o árbol donde, a tu parecer, pudieran estar?. Posiblemente tengas razón en la que imagines, pues tu mente subconsciente ya se habrá dado cuenta de la presencia de las hadas.
Lugares y momentos de tránsito.
Según la tradición, las hadas favorecen los lugares de tránsito. En estos lugares se produce un cambio en el patrón de energía  que los hace más aptos para las hadas. Y las hadas son criaturas de tránsito, pues aunque son seres espirituales, también son muy cercanas a la Tierra. En los lugares de tránsito, las hadas tienen siempre muchas cosas que hacer. Estos sitios incluyen cruces, especialmente en senderos y carreteras secundarias, setos y vallas, claros del bosque, curvas de carretera y puentes. Las hadas también están a orillas del mar, junto a lagos o arroyos, especialmente cuando éstos se dividen en dos; junto a fuentes y cascadas; junto a charcos de piedras formados por la marea, y en pequeñas islas. En tu casa, lo más probable es que las hadas se encuentren cerca de la entrada: en el recibidor, las escaleras o el descansillo, y a veces en los armarios y las esquinas.
Buscar las hadas al aire libre te resultará más inspirador, pues en tu casa probablemente sigas patrones de habito que lo hagan más difícil. La naturaleza sabe llegar a tu alma para abrirla. Los mejores momentos para ver a las hadas son los momentos de tránsito del amanecer, el atardecer, el melodía y la medianoche. Las hadas también adoran la Luna.
Algunos periodos del año, como cuando cambian las estaciones, son otros de los preferidos por las hadas. Hay muchos momentos de cambio estacional. Son momentos mágicos, pero el equinoccio de otoño, es de todos ellos, el momento en el que el velo que separa este mundo y el Otro es más fino.
Aprender a “estar”.
Cuando te parezca bien, y puedas relajarte, acude a un lugar especial para ti y simplemente, empieza por sentir que “estás” ahí. No te esfuerces demasiado, simplemente relájate. Hazte muy consciente de tu cuerpo, pues la intuición suele hablar a través de sensaciones corporales, así que procura no ignorarlas. ¿Tienes calor o frío? ¿sientes mariposas en el estomago? ¿te pican las extremidades o las palmas de las manos? ¿sientes una brisa, un tic o un cosquilleo? Limitate a detectar cualquier cosa que sientas, sin emitir juicios.
Percibe también tus emociones. ¿Estás contento, alegre o expansivo? ¿o un poco incómodo, como si alguien te mirara? ¿O sientes una mezcla de ambos? Vuelve a usar tu imaginación. Si hubiera hadas ahí, ¿que aspecto tendrían?. Lo que surja en tu mente probablemente responda otra vez a tu intuición. Cuando empieces a hacerte consciente de las hadas, posiblemente empieces a detectar movimientos por el rabillo del ojo, pero cuando te des la vuelta no verás nada. Aprende a o girarte, y recuerda: limitate a “estar”
Las hadas también se pueden hacer patentes a través de un murmullo de hojas, del movimiento de la hierba, de una ola en el agua, de una jadeante quietud en el aire o de extrañas perdidas de tiempo. Sentir a las hadas no consiste en demostrar su presencia, sino en sentirse animado, hechizado y un poco emocionado por la vida. Siente esas cosas y ten por seguro que las hadas habrán estado cerca.